lunes, 23 de octubre de 2017

Leyendo (XL)




 

¡Buenos días!

En una nueva entrega de mi particular colección de combinaciones imposibles, esta semana leo "Las defensas" de Gabi Martínez y "La rosa y la daga" de Renée Ahdieh.

El primero es una de ésas novelas que hay que leer despacio y con buen ánimo. Gabi Martínez se adentra en el infierno real que vivió el neurólogo Domingo Escobedo cuando ingresó en 2006 en un psiquiátrico con un erróneo diagnóstico de esquizofrenia. Una lectura difícil, sobre todo en lo emocional, pero de las que dan tanto como exigen.

Y para los momentos de necesidad de absoluta desconexión, leo "La rosa y la daga", segunda entrega de la bilogía de Renée Ahdieh que retoma el clásico de "Las mil y una noches".

¡Feliz semana!




Mónica Gutiérrez, nuestra Serendipia, se traslada a su nueva web, que podéis visitar aqui, y nos invita al sorteo de tres ejemplares de su nueva novela, "La librería del señor Livingstone" al suscribirse a la newsletter.
¡Mucha suerte Mónica!








Sorteo Halloween en el blog Sueños entre letras.
Hasta el 31 de Octubre.
Bases.







Cuarto sorteo quinto aniversario en el blog De lector a lector.
Hasta el 28 de Octubre.
Bases.










Sorteo sexto aniversario en el blog Un lector indiscreto, ¡felicidades Francisco!
Hasta el 3 de Noviembre.
Bases.

miércoles, 18 de octubre de 2017

"Kant y el vestido rojo", por Lamia Berrada - Berca.

«Desear un vestido rojo es un pecado espantoso si eres mujer. Porque de entrada el primer pecado es darse cuenta de que es -en definitiva es la verdad- una mujer; porque el segundo pecado es creer ingenuamente que es una mujer como las demás, que podría expresarse como las demás; porque el tercer pecado es decirse que al fin y al cabo sí que puede desear algo y expresarlo; porque el cuarto pecado es tener un deseo propio que hace tomar consciencia de que podría tener una existencia propia; porque el quinto pecado es querer existir en toda regla, y el sexto pecado le hace decir ingenuamente que necesita creerlo, y entonces llega el séptimo pecado , el séptimo pecado hace que surja en ella la idea de que es un individuo.»

La joven en cuya cabeza pululan estas palabras vive en un suburbio de París, tiene una hija de diez años y un marido que ha trazado para ellas un plan lleno de fronteras. La joven en cuya cabeza pululan estas palabras ha visto un vestido rojo en un escaparate, ha intentado comprarlo pero no puede. Piensa en que quizás, algún día, su hija pueda ponérselo en su nombre. Desea que, algún día, su hija se lo ponga en su nombre.

La joven madre que desea el vestido rojo no sabe leer. Sin embargo, acaba de llevar a casa un libro que ha encontrado en el descansillo de su piso. Podría ser del vecino, pero lleva varios días ahí y no lo ha recogido. Ella no sabe leer, pero su hija sí. Ese libro no puede estar ahí por casualidad. ¿Quién es ese Kant que habla de atreverse, de conocerse, de la necesidad de ilustrarse, de saber, para ser un individuo completo, una persona? La joven madre no es una joven madre cualquiera. Es francesa, pero no es blanca ni católica. La joven madre de esta novela es un fantasma que se esconde tras un burka.

Qué mezcla de sensaciones me deja esta historia, qué sabor tan agridulce, en todos los aspectos que podáis imaginar. En las pocas páginas que la conforman conviven la belleza y el horror, la esperanza y la negación. Y en mi caso en particular, también han cohabitado distintas sensaciones a lo largo de su lectura. En ocasiones me he sentido realmente zarandeada por la tragedia de esa joven que vive tras el burka, pero en otras tantas también he tenido la sensación de que la autora se queda en la superficie, en el cliché, y no ahonda tanto como quisiera aparentar en ciertas cuestiones.

Porque la postura inicial, el punto de partida, es quizá demasiado obvio. Una mujer joven, de religión musulmana, madre de una niña, que vive parapetada tras un burka que ella no ha escogido llevar. Hasta aquí todo bien, pero plano, sencillo y muy mascado. Y a mí me habría gustado que Lamia Berrada se atreviera a introducir algún elemento que rompiera con lo esperado. Por ejemplo que ella sí hubiese elegido, en algún momento, llevar ese burka. Que hubiese en la protagonista, despojada incluso de nombre propio, una aceptación previa, aunque fuese errónea. O que el marido no fuese un puro cliché, eso también habría estado bien. Pero la autora francesa se limita a dar vida a una joven a la que siempre se le ha dicho qué hacer, cómo actuar, qué llevar, adónde ir. Probablemente la realidad de muchas mujeres en el mundo, en eso llevará razón. Quizá soy yo a la que le gusta complicar demasiado las cosas.

A pesar de ello, hay pasajes en la narración realmente bonitos, otros tantos que de verdad te zarandean, que te incomodan. Como mujer, me llevaban los demonios. Al fin y al cabo, todas hemos querido llevar, alguna vez, un vestido rojo, que aquí no es más que un símbolo de la libertad. Estudiar, crecer, conducir, acostarte con quien te plazca, tener o no tener hijos. No importa el qué, lo que importa es el poder elegir. Acercarte a la tienda, que se halla al traspasar los límites establecidos, tocar el vestido, dejarlo caer sobre el cuerpo, querer llevarlo y llevarlo.

Curioso el revulsivo que la autora elige para marcar el punto de inflexión en la historia de la mujer. Ni más ni menos que un libro de Immanuel Kant, filósofo de la Ilustración y autor de la "Crítica de la razón pura", abandonado bajo su felpudo. Una lectura que la joven no puede abordar, porque nunca aprendió a leer, pero que irá desgranando con la complicidad de la niña. Y que la llevará a desear, cada vez con más fuerza, el vestido rojo.

Como veis, una historia breve pero poblada de ingredientes atípicos, a pesar de ese punto de partida más trillado del que os hablaba al principio. Algo atípico resulta también el estilo de la autora, que se mueve entre lo aséptico (se refiere a sus protagonistas como "la mujer", "el hombre", "la niña") y lo lírico, con fragmentos realmente intensos, bonitos y muy visuales. Mención aparte merece la estupenda edición de DeBolsillo para esta novela, con tapa dura y una tamaño como para llevártela al fin del mundo. Acompañan al texto de Lamia Berrada las preciosas ilustraciones de María Angulo Aguado, todas ellas en tonos grises con elementos rojos, muy acorde con el contenido y el tono de la historia. Una lectura ideal para salir de los géneros y los temas de siempre.

lunes, 16 de octubre de 2017

Leyendo (XXXIX)



¡Buenos días!

Hacía meses que no me pasaba esto de quedarme enganchada hasta las tantas por culpa de una novela. Una muy buena amiga me prestó "La ira y el amanecer" de Renée Ahdieh bajo la promesa de que este me sacaba de la apatía. Es un retelling de "Las mil y una noches" que me está gustando muchísimo.

"Luzando", de Paco Peñarroya, está siendo una lectura de lo más sorprendente, con unos personajes muy peculiares y que, leídas las cien primeras páginas, confieso que no tengo idea de adonde me quiere llevar. ¿Suena bien, verdad?


¿Qué leéis vosotros?

Que tengáis una estupenda semana. :)





Natàlia, del blog Perdida entre libros, sortea un ejemplar de "Por encima de la lluvia" de Víctor del Árbol.
Hasta el 26 de Octubre.
Bases.






Tercer sorteo quinto aniversario en el blog De lector a lector. Sorteo de dos ejemplares de "Basta con vivir" de Carmen Amoraga.
Hasta el 21 de Octubre.
Bases.




En el blog Cada vez que te leo, sorteo de dos ejemplares de "En el corazón de París", lo nuevo de Virginia Gil Rodríguez.
Hasta el 20 de Octubre.
Bases.









Lectora de tot sortea un ejemplar de "La mala hierba" de Agustín Martínez.
Hasta el 5 de Noviembre.
Bases.





En el blog Mi vida en blanco, sorteo de un ejemplar de "Origen" de Dan Brown.
Hasta el 1 de Noviembre.
Bases.

viernes, 13 de octubre de 2017

"Mi nombre era Eileen", por Ottessa Moshfegh.


La Navidad ofrece muy poco a Eileen Dunlop, una chica modesta y perturbada atrapada entre su papel de cuidadora de un padre alcohólico y su empleo administrativo en Moorehead, un correccional de menores cargado de horrores cotidianos. Eileen templa sus tristes días con fantasías perversas y sueña con huir a una gran ciudad. Mientras tanto, llena sus noches con pequeños hurtos en la tienda local, espiando a Randy, un ingenuo y musculoso guardia del reformatorio, y limpiando los desastres que su padre deja en casa.

Cuando la brillante, guapa y alegre Rebecca Saint John hace su aparición como nueva directora educativa de Moorehead, Eileen es incapaz de resistirse a esa milagrosa e incipiente amistad. Pero en un giro digno de Hitchcock, el cariño de Eileen por Rebecca la convierte en cómplice de un crimen.


Encontré a Eileen cuando más la necesita, sumida en una feroz apatía lectora, empezando y abandonando libros a razón de dos al día, sin encontrar lo más mínimo a lo que agarrarme para querer seguir leyendo. Y mira por donde, tuvo que llegar un personaje como ella, tan detestable, tan peculiar, para capturar mi interés. De forma ligera al principio, como una simple curiosidad, y a lo grande a partir de la primera mitad de la novela. Gracias Eileen.

"Una mujer adulta es como un coyote: puede pasar con muy poco. Los hombres son más como gatos caseros. Déjalos en paz durante mucho tiempo y mueren de tristeza".

Iba con la lección aprendida, he de confesar. Alrededor de la primera novela de Ottessa Moshfegh han pululado de forma insistente los nombres de Hitchcock, Highsmith y Thompson. Como para no inflarle a uno las expectativas. Lo chocante, en estos casos, es que no decepcione, tan acostumbrados como estamos a fajas y recomendaciones grandilocuentes. Pero lo primero que llama la atención de "Mi nombre era Eileen" es esa atmósfera tan oscura, tan densa, que remite (DE VERDAD) a los clásicos de la novela negra. En el pueblo sin nombre en que vive todo es deprimente, sucio, árido. No se respira en ningún sitio ni una pizca de calidez: desde el sótano en que Eileen se alivia las tripas hasta los helados despachos de Moorehead, todo es lúgubre, triste y agobiante a más no poder.

Visto así, igual alguien se pregunta qué anima a seguir leyendo una novela que se ubica justo en medio de la más absoluta desolación. Pues Eileen. Ella es el enganche, ella es la trama, ella es el alma de las casi trescientas páginas en las que vamos a acompañarla. Un personaje que está en las antípodas de la heroína que cabe esperar. Eileen es egoísta, es en ocasiones detestable, es apática, invisible. Pero también es humana, asquerosamente real. Y tiene un sentido del humor bastante retorcido. Tanto que en alguna ocasión me ha arrancado alguna sonrisa que yo misma me habría reprobado. Ya sabéis que de ciertas cosas no debe uno reírse.

"Un corte en la vena, el coche que derrapa de madrugada en la interestatal helada, un salto desde el puente de X-ville. o simplemente echar a andar océano Atlántico adentro, si quería. Moría gente sin cesar. ¿Por qué no iba a morir yo?"

Eileen es la mayor virtud de la novela, pero también se convierte en su mayor lastre. Porque el personaje se hace tan grande que la trama que Monshfegh ha creado para ella se queda un poquito corta. Capítulo a capítulo, uno se va creando unas expectativas que no acaban de cumplirse hasta ya muy avanzada la historia. No se trata de un discurrir lento de la narración, eso no habría sido un problema, sino más bien de una falta de acción elemental, una sensación inminente de que va a ocurrir algo que nunca llega. Sí lo hace , claro, pero que ciertos giros hagan acto de presencia tan tarde implica que el ritmo de las tres primeras partes se vuelva demasiado irregular, con pequeños bajones y cierta sensación de reiteración.

Además de Eileen, el otro anzuelo al que agarrarse viene de la mano de la autora, que hace uso de una prosa que a mí me ha conquistado. Un estilo muy visual  que consigue que el lector evoque las imágenes con total claridad (más aún aquellas que no quiere ver), y que se alterna con algunos pasajes donde la prosa se vuelve casi lírica, para segarla de cuajo más tarde retomando el primero. Como si el carácter de Eileen, que narra su historia en primera persona, se plasmara a la perfección en su forma de contarlo.

Como veis, una novela diferente, alejada de convencionalismos en muchos aspectos, y con un personaje principal al que merece la pena conocer, sobre todo para aquellos paladares que disfrutan de las historias poco edulcoradas.

lunes, 9 de octubre de 2017

Leyendo (XXXVIII)



¡Buenos días!

Vuelvo esta semana a un autor de los que nunca me fallan, Màxim Huerta. Es curioso porque durante mucho tiempo los prejuicios me mantuvieron lejos de sus novelas. Pero después de leer "La noche soñada", fui haciéndome poco a poco con todo lo que tenía publicado y cada historia la disfrutaba un poco más que la anterior. Así que inevitablemente tenía que llegar a "La parte escondida del iceberg", una narración muy muy intimista que es más autobiografía que novela, y en la que recorremos París de la mano de una historia de amor que se acabó.

Y vosotros, ¿qué leéis estos días?

¡Feliz semana!






Sorteo conjunto de "Todos los días son nuestros" de Catalina Aguilar Mastretta en los blogs de El búho entre libros, Leyendo en el bus, Entre mis libros y yo y De lector a lector.
Hasta el 19 de Octubre.
Bases en cada uno de los enlaces.







Inés, del blog La huella de los libros, sortea un pack con los cuatro volúmenes de la serie Bergman.
Hasta el 26 de Octubre.
Bases.





Segundo sorteo del quinto aniversario del blog De lector a lector, con lo nuevo de Stephen King.
Hasta el 14 de Octubre.
Bases.








Sorteo conjunto en los blogs Viajando a otros mundos y Aprovecha la vida cada día.
Hasta el 5 de Noviembre.
Bases en los enlaces.




Eyra, del blog Cosas mías, sortea un ejemplar de "Todos los días son nuestros" de Catalina Aguilar Mastretta.
Hasta el 22 de Octubre.
Bases.

viernes, 6 de octubre de 2017

"Un café a las seis", por Pilar Muñoz Álamo.


Raquel se dispone a acudir a una cita de compañeros de promoción organizada por su amiga Lourdes después de 25 años, aunque en el fondo siente que no debería ir; una parte del pasado, que no la ha dejado vivir en paz, podría estar esperándola en el hotel donde tendrá lugar la celebración. 

Ansía ese encuentro tanto como lo teme. Porque aquello de lo que ha estado alimentándose a lo largo de su vida podría dejar de ser real. O atraparla para siempre. 
Unas veces, no podemos huir del pasado. Otras, no deseamos escapar de él.

«Un café a las seis» es una historia intensa, emotiva, reflexiva, visceral. Una historia escrita con el corazón. De las que te hacen sentir.



Raquel es una más de tantas. Un poco de tu madre, o de mi hermana o de nuestra vecina del primero. Una mujer que es invisible hasta que alguien necesita una camiseta limpia o un bocadillo para llevar. A Raquel la asfixia la rutina del día a día, pero apenas es consciente de ello. Se ha olvidado de que tiene unos vaqueros ceñidos en el armario que le quedan de puta madre, de que el sexo no es una coreografía ensayada y repetida hasta el hartazgo y de que una vez se enamoró como una cría. A todo eso lo sepultó el paso del tiempo, otra vida que eligió ella, sin más coacciones que la ignorancia. Un paso mal dado al que le sigue otro, y otro más. No penséis que Raquel es infeliz. Tiene dos hijos por los que daría la vida, una relación de pareja cómoda, un trabajo y amigos. Pero no está llena.

Pilar Muñoz vuelve a poner al frente de su historia a un personaje aparentemente anodino, una mujer más, y nos invita a escarbar en sus recovecos, en su verdadera complejidad. A través de la narración en primer persona, somos testigos de excepción de sus miedos y sus esperanzas. Porque ese reencuentro va a servir para obligarla a mirar atrás y volver a ver cada instante en que claudicó, cada elección hecha dando prioridad a otros, sin querer anteponer lo que ella deseaba realmente. Una revisión de errores que la han llevado hasta el lugar donde está.

¿Qué he estado haciendo yo? Toda la vida esperando sin saber a qué, [...] dejando transcurrir el tiempo, lamentándome por lo que perdí, quitándome la frustración a guantazos. deseando tal vez que un rayo cayera del cielo y partiera mi mundo en dos para volver a empezar, porque yo sola no tenía las agallas de hacerlo. He sido una cobarde de mierda. Ahora lo sé. El temor a lo que pudiera venir fuera peor que lo que dejaba me ha tenido atada y amordazada durante años. A medio vivir. Y hay veces en que hay que dejarse morir para poder optar luego a vivir con plenitud.

Siempre me ha gustado el modo en que Pilar Muñoz retrata a sus personajes femeninos, mujeres fuertes y valientes escondidas tras la fachada de lo cotidiano, mujeres que han cometido errores pero que tienen el valor de sobreponerse a ellos y seguir mirando hacia adelante. A Raquel le cuesta un mundo digerir los suyos, y al final, ese reencuentro con ese amor de la juventud no es más que un detonante, la chispa necesaria para que todo su mundo salte por los aires.

Y siempre me ha gustado, sobre todo, su forma de contarlo. Esa intimidad que sabe crear con sus lectores, una conexión que apela a lo emocional, valiéndose de los sentimientos como vehículo para contar una historia, un lenguaje que todos entendemos.

Quizá no me ha gustado tanto algo que ocurre en la última parte del libro, que sirve como una especie de justificante ajeno para las decisiones que toma Raquel. No puedo ir más allá sin desvelar algo que no debiera, pero sí os cuento que habría preferido que ocurriese de otro modo, aunque quizá eso hiciera que Raquel no saliese tan bien parada. Sobre el final, aún estoy decidiendo si me dejo llevar por mi parte racional o me lío la manta a la cabeza y gana el pulso mi yo emocional, el que se decanta por creer en el azar y el destino.

He disfrutado, como ya lo hice con las anteriores, la nueva novela de Pilar Muñoz. Me ha encantado perderme en la vorágine emocional en que se ve inmersa Raquel, volver con ella a los años de la juventud y la universidad, pensar en cómo las pequeñas decisiones que vamos tomando nos conduce por caminos a los que nunca esperamos llegar. Una historia bonita y bien contada, apta para casi cualquier lector.

lunes, 2 de octubre de 2017

Leyendo (XXXVII)





¡Buenos días!

Al ritmo de la canción del verano, despacio, voy saliendo del bache, aunque continúo con las dos lecturas que empecé la semana pasada. Me está gustando mucho "Mi nombre era Eileen" de Ottessa Moshfegh, con una protagonista muy peculiar y a la que estoy cogiendo hasta cariño. No tanto la cuarta entrega de Millenium, que se me está haciendo un pelín cuesta arriba, no sé si por la crisis lectora o por qué, pero me cuesta establecer las conexiones entre esta y las anteriores. A ver si esta semana acabo de remontar.

Que disfrutéis de vuestras lecturas. ¡Feliz semana!





Lectora de tot sortea un ejemplar de "Vienen mal dadas" de Laura Gomara.
Hasta el 22 de Octubre.
Bases.









Lectora de tot sortea un ejemplar de "Ella lo sabe" de Lorena Franco.

Bases.

jueves, 28 de septiembre de 2017

"Intrusión", por Tana French.


La brigada de Homicidios de Dublín dista mucho de ser lo que había soñado la detective Antoinette Conway. el único que parece alegrarse de su presencia es su compañero, Steve Moran. El resto de su trabajo es una acumulación de casos ingratos, novatadas hirientes y acoso laboral. El nuevo caso que le asignan parece sencillo: otra pelea de novios que acaba mal. Aislinn Murray es rubia y guapa. Y ha aparecido tan impecablemente arreglada como muerta en medio de su salón, al lado de una mesa dispuesta para una cena romántica. Nada tiene todo esto de llamativo. Excepto que Antoinette está segura de haberla visto antes en alguna parte. Y porque, al final, su asesinato será bien poco de los de manual. Porque otros detectives intentarán presionar a la pareja protagonista para que arresten al novio de la víctima lo antes posible. Porque al fondo de la calle donde vive Antoinette acecha una figura en la sombra. Antoinette sabe que el acoso laboral la ha vuelto paranoica, pero no es capaz de saber hasta qué punto: ¿es este caso un paso más en la campaña para echarla de la brigada o fluyen corrientes más oscuras bajo su superficie reluciente?

"Intrusión" es la sexta novela de la saga Dublin Murder Squad, una serie de novelas de misterio bastante peculiar, pues los distintos títulos no comparten siquiera protagonistas en la mayoría de los casos, por lo que pueden leerse, sin ningún inconveniente, de forma aleatoria e independiente. Sí hay lugares y personajes comunes, y sobre todo, un estilo y una forma de narrar que han convertido a Tana French en una de mis autoras fetiche dentro del género. En este caso en particular, sí nos reencontramos con los detectives Conway y Moran, que ya lideraron la investigación de la quinta entrega (a mi parecer la más floja con diferencia), aunque en este caso la narración corre a cargo de Conway, en primera persona, y no del narrador omnisciente de "Un lugar seguro".

Antoinette Conway es la única mujer de la brigada de Homicidios de Dublín. Es, además, mestiza, por lo que su piel no resulta lo suficientemente blanca para encajar en el ambiente. Dos razones de peso, sumadas a la incapacidad de Conway para vivir en silencio el acoso laboral al que la someten sus compañeros, que han convertido su día a día en una sucesión de putadas, burlas y casos insustanciales que, sin embargo, no consiguen doblegarla. Una mujer en un mundo eminentemente masculino, sometida a una presión brutal, que a ratos ya no consigue distinguir dónde acaba el acoso y dónde empieza su propia paranoia.

Y finalizando otro turno de noche más, entra el caso de Aislinn Murray. Aparentemente, otro episodio más de violencia de género. Pero cuando Conway y Moran empiezan a indagar, encontrarán demasiados flecos sueltos y demasiadas posibilidades flotando en el aire.

El punto fuerte de la narración de French está en la construcción de sus personajes. Sobre esa base, tan importante a mi parecer, construye tramas que no son el colmo de la originalidad ni de los giros imprevistos, ni falta que le hace. French pone el foco en la psicología de aquellos que van desfilando por sus páginas, e invierte gran parte de la narración en dotarlos de la complejidad necesaria. Así, consigue que Conway y Moran puedan valerse, sobre todo, de su perspicacia y su habilidad en la sala de interrogatorios para ir desvelando qué le pasó a Aislinn. El lector asiste con entusiasmo a la complicidad entre ambos detectives, la química que comparten, que nada tiene que ver con lo sexual, sino con la capacidad de leer entre líneas y dirigir su conducta y con ella, la del sospechoso, hacia el punto preciso al que quieren llegar. Cada interrogatorio se convierte en una puesta en escena en la que Moran y Conway sacan a pasear distintos personajes y tretas para llevar al interrogado al límite. Tana French fue actriz antes que autora, y pone su pasión por la actuación al servicio de sus personajes para deleite del lector, que lo pasa en grande.

Gracias a la narración en primera persona, somos partícipes también de la fragilidad de Conway, un aspecto de la protagonista que sólo conoceremos nosotros, pues su actitud es siempre beligerante y firme hacia los demás. Un pequeño lujo que, además, nos convierte en cómplices obligados de su paranoia, pues en más de una ocasión llegaremos a dudar de si realmente toda la brigada está en su contra o es ella, que empieza a sucumbir a años de acoso soterrado.

Muy trabajados están también los perfiles de los secundarios, que no se limitan a figurar sino que tienen también un rol destacado en el desarrollo y resolución de la trama. Una trama que se nos va presentando como una especie de maraña en la que cualquier opción es factible, y que vamos desenredando con lentitud y paciencia, sin demasiados giros imprevisibles ni grandes aspavientos, hacia una resolución coherente y perfectamente cerrada, que deja además un regusto amargo.

Supongo que se nota en mi reseña lo mucho que me gusta esta autora. Así que quizá he pecado y he contagiado demasiado mi entusiasmo por ella. Por eso creo que ya debo dejar caer que no estamos ante una novela negra apta para los que necesitan adrenalina por un tubo, ni para impacientes, ni para amantes de la acción elemental. Aquí no hay tiros, ni persecuciones ni apenas sorpresas. Las novelas de French requieren un tiempo para meterse en ellas, y otro tanto para salir después. Y eso a mí, siempre me pasa con las buenas historias.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXVI)


 

Buenos días.

Sigo batallando con mi crisis lectora, que ya es un clásico de los últimos años por estas fechas. Qué tendrá septiembre. Después de mi enésimo fracaso con mis elecciones de la semana pasada, el viernes me fui a la biblioteca y me traje dos títulos que me apetecían muchísimo: "Lo que no te mata te hace más fuerte" de David Lagercrantz, cuarta entrega de la archiconocida saga Millenium; y "Mi nombre era Eileen", de Ottessa Moshfegh, una novela de la que he leído estupendas reseñas y que ha sido editada por Alfaguara, que últimamente me ha dado muchas buenas lecturas.

Si con estos dos títulos ya no salgo del bache empezaré a preocuparme seriamente.

¡Feliz semana!




Sorteo conjunto de lo nuevo de Charlotte Link, "¿De quién te escondes?" en los blogs de Leyendo en el bus, De lector a lectorEntre mis libros y yo, y El búho entre libros.
Bases en los respectivos enlaces.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXV)



¡Buenos días!

La apatía lectora se ha instalado en mi casa. La semana pasada debí empezar unas cinco o seis novelas de las que no leí más de veinte páginas. Algo me dice que no son ellas, soy yo.

Mis expectativas de recuperación están puestas en "Negras tormentas" de Teresa Solana, una historia corta, negra y con un punto de humor que llevaba años en las estanterías de casa. Crucemos dedos.

¡Feliz semana!








Quinto y último sorteo del aniversario del blog Entre mis libros y yo. Se sortea un ejemplar de lo nuevo de Franck Thilliez, "Pandemia".
Hasta 26 de Septiembre.
Bases.






Sorteo conjunto de "El día que se perdió la cordura" de Javier Castillo en los blogs de Entre mis libros y yo, De lector a lector, Leyendo en el bus y El búho entre libros.
Bases en cada enlace.






Mónica Serendipia nos alivia la vuelta a la rutina con el sorteo de tres ejemplares digitales de "Un cadáver muy frío" de Ana Bolox.
Hasta el 30 de Septiembre.
Bases.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

"Delirio", por Laura Restrepo.


Un hombre regresa a casa después de un corto viaje de negocios y encuentra que su esposa ha enloquecido completamente. No tiene idea de qué le pudo haber ocurrido durante los tres días de ausencia, y con el fin de ayudarla a salir de la crisis empieza a investigar, sólo para descubrir lo poco que sabe sobre las profundas perturbaciones escondidas en el pasado de la mujer que ama.

Narrada con talento y emoción, la historia principal de esta novela se fragmenta en otras que se anudan a través de personajes llenos de matices. la autora muestra en esta obra una energía narrativa fuera de lo común, en donde el suspense se mantiene hasta un final esperanzador que cierra una hermosa novela, bien construida, mejor contada y brillantemente desarrollada.



El delirio de Agustina vivía ya en ella mucho antes de que su marido la encuentre, muda y enloquecida, en una habitación de hotel. Su locura empezó antes de nacer, ya en la mente del abuelo Portulinos; y se cuajó a la sombra de la figura gigantesca de un padre riguroso y estricto y de una madre que asiste impertérrita a un catálogo inacabable de mentiras y falsedades. "Delirio" no es sino el compendio de secretos que cada familia bien barre y guarda bajo la alfombra. Pero contado como pocas veces lo hemos leído. Ahí reside su valor, y eso es lo que la convierte en una de mis mejores lecturas de estos últimos meses.

"Mentira mata mentira, dime si no es como para volverse loco."

Laura Restrepo se vale de una narrativa tremendamente densa para contarnos "Delirio". Y cuando digo "muy densa", lo digo en serio. En las más de trescientas páginas que la conforman, no hay una sola subdivisión en capítulos, y los párrafos se extienden a lo largo de varias páginas sin pausas. Los diálogos no se señalan en el texto a través de guiones o separaciones de ningún tipo, sino que nacen allá donde van a caer y se señalizan si acaso con una mayúscula. A eso hay que sumarle una sintaxis compleja, llena de oraciones yuxtapuestas, enumeraciones y localismos, y un vocabulario a ratos exuberante, a ratos barriobajero y sucio. Y como guinda del pastel, una alternancia de voces narrativas, que a su vez hacen uso indiscriminado de la primera, la segunda y la tercera persona; y que no vienen marcadas en modo alguno, por lo que es cosa tuya, lector, adivinar quién habla y en qué momento lo hace.

"Yo mientras tanto pensaba en ti, que es lo que hago cuando no quiero pensar en nada, le dice el Midas McAlister a Agustina, digamos que me fascina la textura que adquieres en el recuerdo, lisa y resbaladiza y  sin responsabilidades ni remordimientos, algo así como acariciarte el pelo, la pura sabrosura de acariciarte el pelo siempre y cuando eso pudiera hacerse sin consecuencias, mala pasada nos jugó Dios con eso de que una cosa lleva a la otra hasta que se forma la endiablada cadena que no para, te juro que el infierno debe ser un lugar donde te encierran con tus consecuencias y te obligan a lidiar con ellas."

Y así, entonces, ¿cómo consigue una lectora media, del montón, como yo, disfrutar de una lectura como esta de una forma tan brutal? Pues porque del mismo modo que la Restrepo se emplea escribiendo, también lo hace dándole vida a sus personajes. Y consigue que cada cual tenga su particular forma de expresarse, para que el lector no necesite nada más para ubicarle. Se alternan las voces de Aguilar, ese marido pusilánime, falto de empaque, que despierta en el lector pena y repulsión a partes iguales; la voz del Midas McAlister, con su complejo de niño pobre y la ternura con que se dirige a Agustina, pues sólo se dirige a ella cuando habla; el abuelo Portulinus, con la cabeza llena de música y ruido; la propia Agustina, de vuelta a su niñez, recordando las visiones y las ceremonias que llevaba a cabo con su hermano pequeño. Ya veis, una galería amplia de personajes, cada uno con su propia historia que se entrelaza con la de los otros, o se mete dentro o la provoca desde otro tiempo y otro lugar.

Como telón de fondo, una Colombia tomada por el negocio del narcotráfico, en la que Pablo Escobar ordena y manda. Sin excesivas alusiones, la autora logra meternos de lleno en un país azotado por la droga, las revueltas estudiantiles y la corrupción política, y aunque no se explicita la época, es fácil deducir que nos hallamos en los ochenta, en pleno auge del Cartel de Medellín. A través de los continuos saltos temporales, no sólo ahondaremos en los entresijos de los Londoño, sino también en los de un país largamente castigado en las tres últimas décadas del siglo XX.

Me ha recordado el estilo de Laura Restrepo, tanto en la forma como en el uso particular del realismo mágico, al de la española Cristina López Barrios, cuyas novelas siempre me han conquistado. Ambas escriben como si les desbordara la historia que quiere contar, y algún lector se puede sentir apabullado o incómodo ante ese uso del lenguaje tan exuberante. Pero es cierto que la historia, ese delirio de Agustina, te atrapa y te obliga a indagar en su origen.

En definitiva, si sois de los que os dejáis atrapar con las sagas familiares, si os gusta el realismo mágico, si os quedasteis con ganas de más "Cien años de soledad" (me perdonen los puristas la comparación pero mi mente es así, y hace estas asociaciones), o si simplemente os apetece arriesgaros y leer algo diferente, probad con esta. Yo repetiré con la autora, sin duda.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXIV)


 

¡Buenos días!

Ya me temía yo que septiembre iba a dar mucho de sí pero no en cuanto a lecturas. El comienzo del curso, que siempre conlleva que mi cabeza empiece a bullir y se centre en otros menesteres, acaba siempre por dejarme sin tiempo apenas para leer.

Así pues, aunque mi intención era empezar a leer la semana pasada "El músico de la lluvia" de Mar Mella, no he podido ni tocarlo, por lo que espero poder hacerlo en estos días.

También me llama a gritos desde la estantería una novela que compré hace unos días y que venía incluida en la colección de novela negra que suele publicar El País. Se trata de "Sin retorno", de Susana Rodríguez Lezaun. No conozco a la autora ni he oído hablar de la novela, pero la sinopsis resulta de lo más tentadora.

¡Feliz semana!



Sorteo "Septiembre" en el blog Bookeando con Mª Ángeles.
Bases.











Varios sorteos hay en marcha para celebrar el quinto aniversario del blog de Manuela, Entre mis libros y yo. En el tercer sorteo, un ejemplar de "Todos los días son nuestros" de Catalina Aguilar Mastretta (bases aquí) . En el cuarto sorteo, un ejemplar de "Hoy aún estamos vivos", Emmanuelle Pirotte, y un ejemplar de "Me llamo Lucy Barton" de Elisabeth Strout (bases aquí).